Siete Aguas

En la frontera del séptimo cielo

Todavía se conserva, enclavada en la “Glorieta”, la cruz pairal gótica que delimitaba los reinos de Castilla y Valencia hasta 1851, cuando la frontera se desplaza hasta el Cabriel. Su situación estratégica, su abrupta fisonomía y su condición fronteriza marcarán la historia de la “Septem-Aquis” romana, llamada así, al parecer, por ser el siete para éstos un número mitológico, supremo, y por la abundancia de manantiales que allí nacían. Estará poblada desde la edad de piedra y los metales, como prueban los yacimientos del “Castellar” o del “Castillo de Raydón”. Los romanos, por su fácil defensa, harán de Siete Aguas, como lo hicieron los íberos, una auténtica fortaleza; un uso que continuará con los godos y los árabes, aunque éstos, serán los que además la dotaran de numerosas infraestructuras hidráulicas que permitieron su desarrollo, basado en una agricultura que, aún hoy, es la principal actividad económica. Será en esta época, cuando se colonice todo el término, entonces muy extenso, construyendo numerosas masías o mazadas que darían, posteriormente, origen a las poblaciones de Macastre, Alborache, Yátova y Buñol.

Poco queda ya de esta época de esplendor, aunque su relevancia, seguirá; como prueba el hecho de que Jaime I pese a donar otras poblaciones vecinas, se reservará la posesión de una villa, enclavada en el camino hacia la meseta, en un terreno accidentado, surcado por sierras como la de “Santa María”, el “Burgal”, el “Tejo” o la de “Malacara”, donde se levanta el “Pico de la Nevera”, de más de mil cien metros. Un territorio donde seguirán dándose significativos episodios bélicos en la guerra de la independencia o en las guerras carlistas; que será también refugio de maquis en nuestra última guerra civil.

Su condición fronteriza, la refuerzan algunos topónimos, como el de la “Torre del Mojón” o “de la Contienda” (declarada Bien de Interés Cultural), o la ermita dedicada a “Santa Bárbara”, la artillera, que junto a la de “San Blas” y la iglesia parroquial dedicada, como no, al “Bautista”, configuran una atractiva trilogía monumental. Una circunstancia, esa de lindero, que será decisiva en su devenir cultural, donde también confluyen influencias diversas, como se aprecia en su habla, sus costumbres, sus ritos festivos, como los de “San Antón”, con hogueras, “torrá”, procesión y bendición de animales; o las de “San Blas”, con el día de la “Zorda”; o en su variada gastronomía, en la que destacan la “Olla casera”, el “Mojete”, la “Paella”, el “Ajoarriero” o el “Rin-rán”; también sus embutidos, sus dulces como la “Torta de San Blas” o sus extraordinarios vinos, como los de aguja natural.

Por su singularidad, Siete Aguas es un punto turístico relevante dentro de esta zona de interior. Es imprescindible contemplar toda su riqueza paisajística, adentrarse por senderos como el GR-7 que la atraviesa, o practicar deportes de aventura y participar en uno de los eventos más importantes de la comunidad, el “Gran Fondo Internacional”. También visitar en un recorrido sosegado sus más de cien fuentes, partiendo de la más emblemática, como no, la de los “Siete Caños”. Otra vez el siete, el número que aúna lo divino y lo terrestre, el número de la armonía y la perfección, el signo de la sabiduría y la espiritualidad, de la justicia y la victoria, … la cifra mágica.
 

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Predicción en Siete Aguas

Lugares para comer

Restaurante Ferrer -Tasca los Siete Caños (96 234 01 75)
Restaurante Gambrinus (96 234 02 51)
Mesón de Paco (96 234 00 70)
Restaurante El Cerro
Restaurante Las Delicias (96 234 04 03)
Restaurante El Candil (96 234 03 21)

Alojamientos de Turismo Rural

Apartamentos Turísticos El Pinar (616 078 921)
Hostal Los Álamos (96 234 04 65)
Casa Rosa, alojamiento turístico y restaurante (96 234 02 15)

Qué comer

Variados y abundantes platos, entre los que destaca la olla casera, el mojete, ajoarriero, rin-rán, embutido casero o de la orza, el bollo de Requena, etc. y sus ricos vinos.