La tierra roja de vino

El paisaje y la cultura de la meseta castellana se introduce en el territorio valenciano a través de esta extensa comarca de clima continental, extremo, que limita con La Manchuela conquense y con las también comarcas valencianas de Los Serranosla Hoya de Buñol-Chiva y Valle de Ayora. Históricamente, la mayor parte de sus municipios, excepto Chera y Sinarcas, formaron durante grandes periodos parte Castilla, hasta el siglo XIX, de ahí que su lengua, sus tradiciones y costumbres, estén aún hoy muy ligadas a ese territorio, lo que le dota de singularidad dentro del ámbito valenciano, al que enriquece sobremanera.

  Este altiplano con una altura media de 750 metros, se caracteriza por grandes llanuras, rodeadas de importantes sierras como las de Mira, del Remedio, del Tejo y Cabrillas, así como por el río Cabriel al sur y oeste, con profundas gargantas. Estos espacios relativamente llanos, solo interrumpidos por los valles del Magro y el Cabriel y algunas ramblas o sierras como la de la Bicuerca en Fuenterrobles, del Rubial y de Torrubia, están ocupados por un cultivo, aquí milenario, que es el distintivo de la comarca y su principal motor económico, la vid. Sus tonos verdes, amarillos, rojos y ocres según la variedad plantada y la época del año, son los que pintan un paisaje versátil de gran belleza e interés ecológico y turístico; un gran paisaje cultural.

  Estamos pues enmarcados dentro de una zona, de gran valor paisajístico, donde abundan los acuíferos y los pinares, con atractivos naturales de primer orden, como los que encontramos en la parte oeste y sudoeste de la comarca, en el “Parque Natural de las Hoces del Cabriel". Un espacio que trascurre por los extensos términos de Villargordo, Venta del Moro y Requena que está esculpido por el río y separa la Comunidad Valenciana de la castellano manchega. Éste es un territorio de singular importancia por su flora, fauna, paisaje, características geológicas y sus valores socioeconómicos y culturales, muy vinculados al medio rural tradicional. Se extiende, prácticamente, desde el embalse de Contreras y la confluencia con el río Júcar en Cofrentes y es un hábitat de una valiosa vegetación de ribera y de numerosa fauna protegida (águila real, águila perdicera, búho real, nutria, etc.). Algunos de los parajes de mayor interés son los “Cuchillos de Fuenseca”, o los meandros conocidos como las “Hoces”; también abundan los manantiales y las aguas termales, destacando el Balneario de Fuente Podrida con sus conocidas aguas sulfurosas, así como arquitectura fluvial como la Noria de Casas del Río y diferentes yacimientos paleontológicos. todos estos atractivos naturales, con la posibilidad de practicar senderismo, barranquismo y otros deportes de aventura como rafting, tiro con arco, canoa piragüismo en aguas bravas, puenting, orientación, trekking o escalada.

  Siguiendo con los parajes de alto valor medioambiental, podríamos continuar por las sierras que limitan esta meseta por el norte, y este, donde encontramos el Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) de la “Sierra del Negrete” y las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPAs) de la “Sierra de Malacara” y “Sierra de Martés”. Asimismo, encontramos en la comarca humedales como “Los Lavajos” de Sinarcas, la microrreserva de flora “Lengua de Ciervo” en Camporrobles, la “Atalaya” de Caudete de las Fuentes, o el “Pico del Remedio” en Utiel, cima de la comarca con 1.306 metros de altitud sobre el nivel del mar. Llegamos en nuestro recorrido hasta el “Parque natural de Chera-Sot de Chera”, el primer parque geológico de la Comunidad Valenciana y uno de los tres existentes en España. En esta población se encuentra también el embalse de “Buseo”, que ocupa el valle del mismo nombre sobre el río Reatillo y que amplía la oferta la oferta de deportes acuáticos y de aventura de la zona.

  Así pues, el atractivo de toda esta comarca, atravesada por una importante red de senderos y rutas para recorridos con bicicleta de montaña o a caballo, hacen que el turismo rural se haya convertido en un componente económico muy importante, ofreciendo la zona un nutrido conjunto de servicios, alojamientos o empresas dedicadas al deporte de aventura. Este sector contribuye, cada vez más, a dinamizar una comarca en donde sobresale una potente agricultura, en la que destacan los cereales, el almendro o los olivos, con aceites de gran calidad, y donde el señor, como hemos dicho, es el vino, que, además, ha generado además grandes infraestructuras turísticas. Son numerosas las empresas enoturísticas y las bodegas, muchas de las cuales ofrecen actividades para el público; también museos como el Museo del Vino y la Vida Rural "Caserio de Sisternas" en Casa de Eufemia (Requena), el museo del Vino en el Palacio del Cid en Requena o el Museo del Vino de la Comunidad Valenciana, ubicado en la antigua “Bodega Redonda”, sede, además, del Consejo Regulador de los vinos Utiel-Requena.

  Unos espacios que se unen a la importante oferta cultural y museística de toda la comarca, que cuenta, además con un destacadísimo patrimonio monumental. Podríamos mencionar yacimientos importantísimos como “El molón” en Camporrobles o el poblado ibérico de “Los Villares”, en Caudete de las Fuentes; castillos como el de Chera; torres de telegrafía óptica como la de Fuenterrobles; o núcleos urbanos como el Barrio de “La Villa” de Requena, declarado Conjunto Histórico Artístico de carácter nacional. También iglesias notables como la de “Santiago Apóstol” en Sinarcas o ermitas emblemáticas como la del “Remedio” en Utiel; y puentes singulares como el de “Vadocañas”, en Venta del Moro, de origen romano, o el de “Contreras” en Villargordo, entre otros numerosos ejemplos.

  Las fiestas, amenizadas por las importantes orquestas y bandas sinfónicas de cada localidad, también son un patrimonio significativo a destacar, como los “Mayos” en Camporrobles, o la “Semana de la Confraternidad” en Caudete, las de la “Virgen de los Ángeles” en Chera, las de “Santiago Apóstol” en Fuenterrobles, la “Romeria a la Virgen de Tejeda” en Sinarcas, los “Carnavales” de Utiel, la “Semana santa” de Venta del Moro, las fiestas de “San Roque” en Villargordo o la “Feria y Fiesta de la Vendimia” en Requenadeclarada de Interés Turístico.

  Acabaremos el recorrido por esta comarca haciendo mención a otro de sus referentes: la gastronomía tradicional, que por su pasado y por su clima, está emparentada con la castellana, aunque también estará presente el arroz. Destacará el conocido embutido de cerdo y encontraremos platos fuertes, como “Ollagorrinera”, los “Gazpachos”, la “Garbanzada”, el “Morteruelo”, las “Tortas magras”, el “Ajo arriero”, las “Migas”, el “Bollo con magras”, las “Patatas en caldo” o “al montón con huevos”, el “Cachulí”, “Arroz con bajocas” o “con col y bacalao”, el “Alajú”, la “Olla cherana”, las “Almortas”, el “Guisado de cordero”, el “Pernil al horno”, la “Atasca” o el “Bollo con sardinas”, entre otros. También una gran gama de dulces, como las “Migas dulces”, el “Turroncillo”, el “Bollo con miel”, los “Mantecados”, los “Rolletes de anís”, las “Torrijas”, los “Buñuelos” o las “Migas dulces”, entre otros manjares, en un mundo en el que todo gira entrono al vino y su cultura. Donde los restaurantes se abren en las antiguas bodegas urbanas excavadas en el subsuelo, donde se erigen monumentos en su honor, academias enológicas, y museos. Un universo de aldeas, caseríos, hormas y pámpanos, que modela un paisaje cultural donde reina la Bobal.